En 1918, la Primera Guerra Mundial terminó y los ejércitos del mundo comenzaron a regresar a sus países. En Europa surgieron nuevas fronteras y nacieron nuevas naciones. Pero entonces surgió una nueva calamidad: la pandemia de gripe se extendió por todo el mundo. En dos años, la gripe se cobró entre 50 y 100 millones de vidas en todo el mundo, entre el tres y el cinco por ciento de la población mundial.

En ese momento mi abuela era estudiante en el Conservatorio de Música de Lisboa. Una vez nos dijo que en su clase la mitad de sus colegas murieron con la gripe. ¿Te imaginas perder la mitad de tu escuela o compañeros de trabajo?

Recientemente, ayudando a uno de mis hijos a estudiar historia, revisamos el episodio del gran terremoto que devastó Lisboa en 1755. En ese año, un terremoto – seguido por un tsunami – destruyó la capital portuguesa, arrasando miles de edificios, causando múltiples incendios y matando a miles de personas.

Estos son sólo dos ejemplos de desastres naturales donde el “sufrimiento natural” asumió proporciones extremas. Cuando ocurren estos fenómenos extremos, todos tenemos preguntas:

  • ¿Es realmente necesario que el mundo tenga casos tan abrumadores y angustiosos de sufrimiento extremo? ¿Es realmente necesario que las hambrunas devastadoras maten de hambre a millones de personas?
  • ¿Por qué hay desastres naturales que pueden destruir ciudades enteras y matar a miles de personas en un corto período de tiempo? ¿Y cuál es el propósito de pandemias que matan a millones de personas?
  • En estos eventos extremos, ¿dónde está el beneficio para las almas que sufren? ¿Podría haber algún desarrollo espiritual resultante de procesos tan implacablemente destructivos?

La búsqueda de respuestas a estas preguntas debe tener en cuenta la evolución de la humanidad. Mi interpretación personal de la historia de la humanidad me dice que, como especie, los seres humanos todavía estamos aprendiendo a vivir en este planeta. No hemos desarrollado maneras de protegernos de todos los desastres naturales destructivos de la Tierra, aunque estamos avanzando en ese área -la ciencia y el desarrollo material nos han ayudado a reducir el sufrimiento causado por estos fenómenos naturales extremos. Este rápido progreso ha surgido a pesar de que la ciencia moderna tiene sólo 500 años y la aplicación masiva de los beneficios de la ciencia es aún más reciente.

1906 San Francisco Earthquake

Terremoto de 1906 en San Francisco

Si comparamos los efectos de algunas calamidades naturales en el pasado y el presente, vemos una evolución significativa. Por ejemplo, hoy sabemos cómo emplear varias técnicas de construcción resistentes a terremotos que minimizan los daños y protegen a los habitantes. Varias enfermedades mortales prácticamente han desaparecido debido a las grandes campañas de salud pública y la mejora de las condiciones de higiene y salud. Hemos desarrollado y comenzado a usar sistemas de alerta temprana para tornados y tsunamis.

Por un lado, podríamos decir que el intelecto humano es desafiado por estas calamidades naturales; desarrollamos ciencias y técnicas que minimizan el impacto de estos eventos extremos. Por otra parte, los escritos bahá’ís nos dicen que estos desastres naturales deben llevarnos a reflexionar espiritualmente. Al referirse al catastrófico terremoto de 1906 en San Francisco, ‘Abdu’l-Bahá escribió:

En verdad, fueron terribles los acontecimientos de San Francisco. Los desastres de esta clase deberían servir para despertar a las gentes y disminuir el amor de sus corazones por este mundo inconstante. Es en este mundo inferior donde tienen lugar acontecimientos trágicos como éstos; ésta es la copa que entrega vino amargo. – Selección de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá, página 114.

El sufrimiento extremo causado por los sucesos naturales siempre nos desafía al pedir una respuesta dual: desarrollar los medios externos para mitigar sus efectos y ayudar a las víctimas; y reflexionando internamente sobre el hecho de nuestra frágil existencia, preguntándonos si tiene sentido tener un apego exagerado a las cosas materiales.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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