…indudablemente todas las virtudes tienen un centro y una fuente. Esa fuente es Dios, de Quien estas generosidades emanan. – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, página 101.

Piense, solo por un minuto, acerca de la mejor persona que conoce.

¿Lo tiene?

Ahora hágase estas dos preguntas: ¿Qué hace que esa persona sea tan buena? ¿Dónde se origina toda esa bondad?

Acaba de empezar a meditar sobre una de las preguntas más antiguas de la filosofía y la religión: ¿De dónde sacamos nuestras virtudes?

EvolutionDesde los inicios de la civilización humana, nos hemos preguntado dónde se origina la excelencia moral. Algunos filósofos creen que sólo llegaba a los privilegiados y a los elegidos. Otros piensas que evoluciona en la conciencia humana a medida que nuestra raza se preocupaba cada vez menos de la supervivencia pura. Aún otros piensan que la moralidad viene de las culturas familiares.

Pero muchos filósofos atribuyen a la religión el desarrollo original de los pensamientos y comportamientos virtuosos. Con los repetidos llamamientos a la justicia y la bondad, al amor y la misericordia, el panteón mundial de las grandes religiones instó a la humanidad hacia la existencia moral.

Los escritos bahá’ís dicen que:

Los beneficios universales brotan de la gracia de las religiones divinas, pues ellas conducen a los verdaderos seguidores a la sinceridad de propósito, a la magnanimidad, a la pureza y honor sin mancilla, a una compasión y amabilidad desbordantes, al mantenimiento de los pactos convenidos, a preocuparse por los derechos de los demás, a la liberalidad, a la justicia en todo aspecto de la vida, a la humanidad y filantropía, al valor y a los esfuerzos infatigables en aras de la humanidad. Resumiendo, es la religión la que origina todas las virtudes humanas, y son estas virtudes las que constituyen las lámparas brillantes de la civilización. – ‘Abdu’l-Bahá, El secreto de la civilización divina, página 96.

Esto no significa – en realidad está lejos de ello – que todas las personas que reclaman una religión son virtuosas:

Es cierto que hay personas necias que nunca han examinado según corresponde los principios fundamentales de las religiones divinas, quienes han asumido como criterio la conducta de unos pocos religiosos hipócritas y han medido a todas las personas religiosas por este rasero, concluyendo sobre dicha base que las religiones constituyen un obstáculo para el progreso, un factor de división y una causa de la malevolencia y enemistad entre los pueblos. Ni siquiera han observado este punto, a saber, que los principios de las religiones divinas apenas pueden evaluarse por los hechos de quienes sólo proclaman seguirlas. Pues toda cosa excelente, por incomparable que sea, puede desviarse hacia propósitos torcidos. Una lámpara encendida en las manos de un niño ignorante o de un ciego no disipa la oscuridad circundante ni alumbrará la casa: prenderá fuego tanto al portador como a la casa. – Ibíd., páginas 72-73.

La lámpara de la virtud, dicen los escritos bahá’ís, brilla sobre aquellos que verdaderamente se esfuerzan por desarrollar los rasgos del carácter y atributos morales incorporados en las verdades fundamentales de la Fe:

…en el reino espiritual de la inteligencia y el idealismo debe haber un centro de iluminación, y ese centro es el sempiterno, siempre brillante Sol, la Palabra de Dios. Sus luces son las luces de la realidad que han brillando sobre la humanidad, iluminando el reino del pensamiento y la moral, confiriendo al hombre las munificencias del mundo divino. Estas luces son la causa de la educación de las almas y la fuente de ilustración de los corazones, enviando en una irradiación refulgente el Mensaje de las Buenas Nuevas del Reino de Dios. En resumen, el mundo ético y moral y el mundo de la regeneración espiritual dependen para su existencia progresiva de ese centro de iluminación celestial. Emite la luz de la religión y confiere la vida del espíritu, infunde en la humanidad virtudes paradigmáticas y otorga esplendores eternos. Este Sol de la Realidad, este centro de esplendores, es el Profeta o Manifestación de Dios. Así como el sol fenomenal brilla sobre el mundo material produciendo vida y acrecimiento, igualmente, el Sol profético o espiritual confiere iluminación sobre el mundo humano del pensamiento y la inteligencia, y a menos que ese levante sobre el horizonte de la existencia humana, el reino del hombre se oscurecería y extinguiría. – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, página 111.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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