La primera vida, que pertenece al cuerpo físico, llegará a su fin… pero la segunda vida, que surge del conocimiento de Dios, no sabe de muerte. – Bahá’u’lláh, Gemas de misterios divinos, página 24.

Vosotros veis a vuestro alrededor evidencias de lo inadecuado de las cosas materiales: cómo la alegría, el consuelo y la paz no se encuentran en las cosas transitorias de este mundo. ¿No es entonces una insensatez negarse a buscar esos tesoros donde pueden encontrarse? – ‘Abdu’l-Bahá, La sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, página 146.

¿Qué permanece?

Algunas personas afirman que, en esta vida, sólo el dinero puede darle una seguridad verdadera.

Algunos dicen que un lazo familiar cercano dura toda una vida.

Una relación amorosa conyugal puede darnos una felicidad duradera, sostienen algunos.

Otros le dirán que una buena educación y una profesión siempre le mantendrá en buen lugar.

Pero todos sabemos, en el fondo de nuestro corazón, que ninguna de esas cosas es verdadera.

El dinero puede perderse, gastarse, tomarse. Una familia se puede volver hostil, incluso con sus propios miembros. Las relaciones pueden y a menudo terminan. Una profesión puede desaparecer, si usted aprende en el país equivocado o el lenguaje equivocado o en el período equivocado en la historia.

Nada enraizado en este mundo físico perdura, dicen los escritos bahá’ís. La belleza se desvanece, la salud cede ante la enfermedad, la juventud inevitablemente envejece, todo lo material eventualmente se descompone y desintegra. Quien realmente observa el mundo y su estado de cambio constante, entiende que la entropía eventualmente prevalece.

Cuando empecé a contemplar mi eventual salida de este mundo físico, empecé a pensar sobre lo que perdura; y a reflexionar en la idea de que lo más importante dura más tiempo. En esta búsqueda, los escritos bahá’ís me han ayudado realmente a entender la diferencia entre lo temporal y lo permanente:

Estos pocos y breves días han de pasar; esta vida presente desaparecerá de nuestra vista; las rosas de este mundo dejarán de ser frescas y hermosas; ha de languidecer y desaparecer el jardín de los triunfos y delicias de esta tierra. La primavera de la vida dará paso al otoño de la muerte; el vivaz regocijo de los salones palaciegos ha de ceder paso a la oscuridad del sepulcro, sin luna. Por consiguiente, nada de esto es digno de ser amado en absoluto y a esto el sabio no fija su corazón.

El que tiene conocimiento y poder tratará más bien de encontrar la gloria del cielo, la distinción espiritual y la vida imperecedera. Y tal hombre anhela aproximarse al sagrado Umbral de Dios; pues en la taberna de este mundo fugaz el hombre de Dios no se emborracha, ni siquiera descansa un momento, ni se mancha con ningún afecto a esta vida terrenal. – ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá, páginas 292-293

¿Qué cree que significa cuando ‘Abdu’l-Bahá dice “a esto el sabio no fija su corazón,” y “en la taberna de este mundo fugaz el hombre de Dios no se emborracha”? Mi comprensión de estas poderosas frases tiene que ver con nuestro propósito como seres humanos en este plano físico de la existencia:

…el hombre no fue creado para la vida de este mundo efímero – no, más bien él ha sido creado para la adquisición de perfecciones infinitas, para el logro de la sublimidad del mundo de la humanidad, para acercarse al umbral divino, y para sentarse en el trono de la soberanía sempiterna! – ‘Abdu’l-Bahá, Tablas del Plan Divino, página 17.

hourglassTodo el mundo finalmente tiene que llegar a un acuerdo sobre esta gran pregunta, tal vez la pregunta más grande que alguien puede preguntarse: ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es mi propósito? ¿Hay un porqué para mi creación?

Todos tenemos una corta estancia aquí en la Tierra. Sólo tenemos más o menos un siglo, y a veces mucho menos, para abordar las grandes preguntas de la vida. Si decidimos que nada existe más allá de la muerte, la vida física se vuelve muy difícil de dejar. Si creemos que la muerte significa sólo el olvido y la aniquilación, excluimos cualquier futuro más allá de nuestra existencia material.

Pero si aceptamos las enseñanzas bahá’ís y las enseñanzas de cualquier otra gran religión, con su seguridad de que nuestras almas vivirán, podemos empezar a cambiar nuestro punto de vista. Podemos ver felizmente más alá de la muerte como otro nacimiento, como la entrada a una nueva realidad espiritual, como solo un término relativo que indica cambio en vez de cesación. Una vez visto de esa manera, la muerte pierde su temor, y se convierte en algo qué anticipar con deleite.

He empezado a hacer exactamente eso.

De hecho, en mis recientes reflexiones y meditaciones sobre la muerte, me he dado cuenta que me siento listo. No me malinterprete, no deseo morir. Pero cuando llegue, como sucede con todos, daré la bienvenida a mi paso. No voy a llorar, y cuando haya hecho la transición al otro mundo, tampoco quiero que los que amo se lamenten. En realidad, espero con impaciencia, como lo haría al comienzo de cualquier viaje emocionante:

He hecho de la muerte una mensajera de alegría para ti. ¿Por qué te afliges? He hecho que la luz resplandezca sobre ti. ¿Por qué te ocultas de ella? – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, página 37.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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