Las enseñanzas bahá’ís se refieren al Espíritu Sano como la fuente de poder de los profetas y Mensajeros de Dios.

Los bahá’ís definen al Espíritu Santo como el último revelador de la verdad y la certeza, la fuerza que impulsa la naturaleza progresiva de las revelaciones de Dios. Eso significa que cada profeta o Manifestación de Dios inicia un nuevo ciclo de revelación, como una primavera espiritual, trayendo una nueva infusión del Espíritu Santo y sus poderes espirituales al mundo.

Pero como todo en la naturaleza, un ciclo orgánico tiene lugar en la vida de cada religión. Una nueva Fe nace, alcanza el cénit de su poder e influencia, y luego disminuye. A medida que este ciclo natural progresa, la infusión poderosa del Espíritu Santo se disipa, y los poderes espirituales se estancan, siendo incapaces de provocar cambios.

En otras palabras, el impulso creativo y la vitalidad de la religión, en el contexto del tiempo y espacio, también están sujetos a los principios de integración y desintegración; lo que significa que la religión necesita renovarse de vez en cuando. ‘Abdu’l-Bahá utiliza una metáfora para ilustrar este punto:

Cuandoquiera que aparece, el mundo de la humanidad se renueva y un nuevo espíritu es conferido a las realidades humanas. El Espíritu Santo atavía al mundo del ser con vestidura digna de alabanza, disipa la oscuridad de la ignorancia y provoca la irradiación de la luz de las virtudes…

Del mismo modo, la aparición de Bahá’u’lláh ha sido como la llegada de una primavera nueva, cargada de sagradas brisas, acompañada por el poder celestial y por las huestes de la vida sempiterna. – Contestación a unas preguntas, páginas 179-180

La religión, como tal, tiene el potencial de quedar desprovista de su vitalidad y amplitud de influencia, en cuyo caso sólo quedan elementos sedimentarios de su inspiración original en las formas culturales y tradicionales. Con esta nueva concepción del Espíritu Santo, las enseñanzas bahá’ís se refieren al proceso progresivo de renovación religiosa, al constante desarrollo de la civilización, y a la dialéctica de integración y desintegración. Dondequiera y cuandoquiera que la religión es cristalizada en dogmas, los bahá’ís creen, el Espíritu Santo desaparece. La realidad de la religión no es sólo las reglas y leyes que trae a la sociedad sino también el poder espiritual del cambio y la transformación que conlleva.

Bahá’u’lláh explica el mecanismo del cambio cultural basado en los principios de la revelación progresiva. Él dice que los sistemas religiosos encarnan toda una serie de potencialidades inherentes, y que el despliegue de esas potencialidades subyace en los procesos de cambio y decadencia en la cultura.

La vida de un Sistema religioso está al margen de estas potencialidades. Cuanto más universales sean los rasgos esenciales de su sistema, menor será su duración. A medida que las potencialidades creativas de la religión se agotan con el tiempo, los significados, los valores, y las normas del sistema pierden su impulso generados. Sin embargo, Bahá’u’lláh señala la realidad de ritmos recurrentes en asuntos sociales y culturales. La dirección del ritmo socio-religioso no es de A a B (lineal), ni una repetición de un retorno al mismo ciclo (puramente cíclico). La curva espiral del cambio socio-religioso rodea un patrón ordenado de progreso y evolución. En otras palabras, representa la realización de la relación dialéctica entre la vida y la muerte, la organización y la desorganización.

El proceso de desintegración contiene el embrión de la renovación y la resurrección. A medida que una forma de sistema socio-religioso declina, uno nuevo emerge. ‘Abdu’l-Bahá escribió:

Los profetas… son fundadores de una nueva religión; hacen de los hombres nuevas criaturas; cambian la moral pública; promueven nuevas costumbres y normas; en fin, renuevan el ciclo y la Ley. Su aparición es como la llegada de la primavera, que atavía a todos los seres de la tierra con una nueva vestidura y les confiere nueva vida. – Ibíd., página 203.

Las enseñanzas bahá’ís se refieren al concepto de revelación progresiva como el lecho de roca de la teología bahá’í, y lo definen como un vasto proceso a través del cual se produce la convergencia de la visión de Dios y la evolución dinámica del mundo hacia su terminación. Las enseñanzas bahá’ís hablan de una gran síntesis que puede unir la historia espiritual del mundo con las dinámicas de cambio social y renovación:

El principio fundamental enunciado por Bahá’u’lláh… es que la verdad religiosa no es absoluta sino relativa, que la Revelación Divina es un proceso continuo y progresivo, que todas las grandes religiones del mundo son de origen divino, que sus principios básicos están en completa armonía, … que sus enseñanzas no son más que facetas de una sola verdad, …  y que sus misiones representan etapas sucesivas en la evolución espiritual de la sociedad humana. – Shoghi Effendi, El día prometido ha llegado, página 3

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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